Robert Doisneau, La belleza de lo cotidiano

article-2129634-0038bfa400000258-59_964x868Las dos imágenes con las que abro este comentario son las únicas que conocía de Robert Doisneau, pese a tratarse de uno de los fotoperiodistas más populares de Francia. Pero mi ignorancia en esta materia, como en tantas otras, es enciclopédica. Quién no conoce este beso ante el Hotel de Ville, captado en 1950, o la icónica imagen de Picasso con los panecillos semejando dedos. La exposición organizada por la Fundación Canal me ha permitido descubrir a un fotógrafo sagaz  y brillante y a un París muy semejante al París que vive en el imaginario común, quizá porque fueron sus instantáneas, entre otras, los que lo forjaron.

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Cada una de estas imágenes sugiere una historia, aunque según parece no todas son espontáneas. Leo en la madre Wikipedia que en 1993 se descubrió que El beso no había sido un feliz y fortuito hallazgo de Doisneau cuando una pareja lo llevó a los tribunales demandando como derechos de imagen una parte de los beneficios que su publicación produjo, y el autor se vio obligado a presentar una serie de fotografías realizadas en distintos puntos de París, protagonizadas por la misma pareja besándose. A mi modo de ver, el hecho de que la instantánea no haya sido fortuita sino fruto del oficio de Doisneau no le resta mérito sino muy al contrario. Es necesario mucha visión y dominio del oficio para crear una imagen tan perfectamente natural.

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París ante nuestros ojos. Me fascina el interior del domicilio de los porteros de la Rue du Dragon, de 1946; La Adivina, una anciana ante sus cartas, esa anciana pintada  bien podía traspasarse a un lienzo de Toulouse Lautrec; la pareja ante un escaparate de una tienda de antigüedades (he comprobado después, indagando en su obra, que tiene varias instantáneas con distintos personajes captadas desde el mismo ángulo, así que debió apostarse y descargar el carrete, o bien, como en el caso de El beso, montó el escenario y compuso su relato). Todas las fotografías que he seleccionado me han llamado especialmente la atención, pero quizá, de la serie que antecede, sea la de los Niños en la plaza Hebert, de 1957, la que me resulte más inquietante.

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Estas tres últimas, cada una por motivos distintos, se clavaron en mi retina. Le Ruban de la Mariée, de 1951, por alguna razón inexplicable me hizo pensar en Magritte. ¿No resulta surrealista esa larga fila de parejas de novios caminando bajo un cielo amenazante de lluvia hacia una meta fijada por un cordel entre dos sillas? La segunda imagen me llevó a Hopper (los asiduos a Mi casa sabéis mi adoración a este pintor y su mundo), y la tercera a un pentagrama cuyas notas son personas en vez de gorriones. La imagen no es mía. Pertenece a un verso de la poeta asturiana Concha Quintana:

Los cables de la lluz: papel pautáu

nun cielu de metal.

Dos gurriones apúrren-y

a esti pentagrama

dos menudos silencios de corchea.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Sylvie dice:

    Te regalo Sol otra historia, contada por la cámara de este joven nacido en Uruguay pero que vive desde muy chico en mi país y pinta la Patagonia tan maravillosamente y con tanta verdad. Se que te va a gustar, y de alguna manera te retribuyo un poco de todo lo que me das, cada vez que abro ávida la ventana de tu casa. Se llama Eliseo Miciu y podes entrar a su página para conocer más de su obra. Si te llega, porque como te habras dado cuenta no entiendo mucho de estas capacidades aéreas…

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    1. Sol dice:

      Qué maravilla, Sylvie. Una belleza. Voy a tratar de conocer su trabajo un poco más, ha sido un descubrimiento fantástico. Gracias, amiga. Un montón de besos

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  2. David H, dice:

    Me ha encantado el descubrimiento que nos aporta Sylvie. Tambien yo voy a bucear en la obra de Miciu. En cuanto a lo de la foto montada o no de Doisneau, ¿a alguien se le ocurriría cuestionar que la historia de “Cien años de soledad” fuera un montaje?. La fotografía es un lenguaje y sirve igual para contar historias verídicas o inventadas (que obviedad la mía), lo importante es que nos hagan sentir. Como la de la ovejita en la pasarela, ¡que foto maravillosa!. Un beso para cada una.

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